Alocución radial Semana Santa 2017
En esta ocasión quisiéramos hacerte una exhortación a preocuparte por tu fe, por la educación de tus hijos, los valores familiares y sociales, porque como nos dice el apóstol San Pablo, los tiempos que corren son difíciles y sin darnos cuenta, vamos tomando lo peor de nuestra época y perdiendo lo mejor que hay en nosotros, y nos pasa como el “síndrome de la rana hervida”. ¿Lo conocen?
Vivimos en un mundo convulsionado por los enormes logros de la tecnología moderna que tiene muchísimas cosas buenas y muchísimas malas. Un mundo cargado de ofertas y promesas, donde todo se relativiza en función de lo que me causa placer y bienestar. Si me gusta o me beneficia, poco importa si es bueno o malo. Un mundo lleno de cosas, de bienes materiales, de disfrute de los sentidos, donde cada vez nos sentimos más insatisfechos y menos felices. No dejamos de creer, pero vivimos como si Dios no existiera, porque tenemos tantas satisfacciones materiales y ambiciones personales que nos parece que no tenemos necesidad de Él.
Paulatina e imperceptiblemente se va deteriorando nuestra vida cristiana, nuestras tradiciones y nuestros valores morales, familiares y sociales. Y nos sucede como a la rana hervida.
Imaginen una cazuela llena de agua, en cuyo interior nada tranquilamente una rana. La cazuela se está calentando a fuego lento y al cabo de un rato el agua está tibia. A la rana esto le parece agradable y sigue nadando. La temperatura empieza a subir. Ahora el agua está caliente. Un poco más de lo que suele gustarle a la rana. Pero ella no se inquieta y además el calor siempre le produce algo de fatiga y somnolencia.
Ahora el agua está caliente de verdad y a la rana empieza a parecerle desagradable. Lo malo es que se encuentra sin fuerzas, así que se limita a aguantar y no hace nada más.
La temperatura del agua sigue subiendo poco a poco, nunca de una manera acelerada, hasta el momento en que la rana acaba hervida y muere sin haber realizado el menor esfuerzo para salir de la cazuela.
Si la hubiéramos sumergido de golpe en un recipiente con el agua hirviendo, se habría puesto a salvo de un enérgico salto.
Moraleja:
El síndrome de la rana hervida nos demuestra que un deterioro, si es muy lento, pasa inadvertido y la mayoría de las veces no suscita reacción ni oposición ni rebeldía.
Si lo aplicamos al ámbito social, familiar o religioso, nos percatamos que las sociedades en las que, en un tiempo, se vivía en función de valores sociales, morales y religiosos, poco a poco se van perdiendo las referencias éticas y año tras año, día tras días, hora tras hora prosigue la degradación.
Una creciente proliferación de la vulgaridad, de la grosería, de la falta de respeto, de la falta de normas de conducta social, de descuido en la práctica religiosa, se va generalizando y si a tiempo no tratamos de sobreponernos, nos pasa como a la pobre rana inconsciente, amnésica y embotada, que no le queda más remedio que esperar la cocción. Cuando queramos reaccionar, ya es tarde.
La falta de reacción se debe a que el deterioro de paso lento es casi imperceptible. Por eso debemos estar siempre en situación de alerta, pues solo una conciencia muy aguda o una memoria excelente permiten darse cuenta de ello, o bien un patrón de referencia que haga posible valorar el estado de la situación.
Invitación
Nuestra invitación es a que te acerques más a Cristo, a que leas la Biblia para alimentar tu fe, a no descuidar tu práctica religiosa, a estar más al tanto de lo que le enseñan a tus hijos y a las malas compañías. La Semana Santa es una excelente ocasión para reavivar tu fe y tu vida cristiana.
Miren la exhortación que nos hace la Biblia en la Primera carta de San Pedro y es la que yo les hago a ustedes:
“Vivan con sobriedad y estén alerta. El diablo, su enemigo, ronda como león rugiente buscando a quién devorar. Háganle frente con la firmeza de la fe. Y el Dios de toda gracia, que los ha llamado a su eterna gloria en Cristo, después de un corto sufrimiento los restablecerá, los fortalecerá, los robustecerá y los consolidará. Suyo es el poder por siempre. Amen”.

